La importancia de una enfermedad está determinada por la gravedad de las complicaciones, su potencial mortalidad y la frecuencia con que los pacientes acuden al médico en busca de solucionar su problema. Es así como la enfermedad hemorroidal tiene características muy especiales pues generalmente no presenta complicaciones graves ni presenta mortalidad, aunque si ocasiona periodos largos de sintomatología que el paciente soporta tratando de diferir la consulta con el profesional, motivado por la condición vergonzante en que se ha marcado este cuadro clínico y por las malas experiencias que han compartido con otros pacientes.
Esas malas experiencias son determinadas por el hecho de considerar que la solución a su problema es únicamente, una intervención quirúrgica muy dolorosa, realizada bajo anestesia con hospitalización; un postoperatorio prolongado y con malos resultados a largo plazo junto con el temor a la pérdida de la función esfinteriana. Desafortunadamente aunque estas afirmaciones no son ciertas, la gran mayoría de los profesionales de la salud las comparten reforzando los temores infundados del paciente, prolongando así los periodos sintomáticos.
Frecuentemente se escucha de los médicos frases como” Esas hemorroides no están para operar todavía. Espérese unos años para que valga la pena la cirugía.” Nada más desalentador para un paciente que ha tenido que superar muchos complejos para acercarse a la consulta. Esa concepción va en contra de la premisa fundamental de la medicina moderna cual es la de detectar precozmente las enfermedades para iniciar tratamientos adecuados a la gravedad de la enfermedad y no esperar grados más avanzados que requieran tratamientos más dolorosos y costosos.English
